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La importancia de las redes sociales en las organizaciones

Parafraseando a Aristóteles en la Metafísica 980 a 20 - 983 a 20, cualquier opinión bien encaminada empieza por las cosas más conocidas, y desde ahí, como si fuera por peldaños, desde los más bajos hasta los más altos, conduce a la comprensión de las más arduas y difíciles; por lo anterior, en primer lugar, pretendo analizar si es viable o no preguntarse por la importancia de las redes sociales en las organizaciones; en segundo lugar, cómo llevar al cabo una viabilidad de esta situación y, en tercer lugar, designar las funciones o utilidad de este tópico. 



¿Es viable preguntarse por la importancia de las redes sociales?

El objetivo de toda opinión, como es el caso de esta labor, debería esclarecer y ordenar lo ordenado, sistematizar lo caótico, facilitar lo complicado y simplificar lo complejo. Aceptada tal premisa, cabe la pregunta realizada en el encabezado de este párrafo, pero, ¿qué es en realidad importante para una organización? 

La pregunta derivará de las diversas actividades a las cuales se empeñe la organización; cual sea la respuesta, todas buscarán un interés particular y ayudarse de todos los medios lícitos, la mayoría de las veces, de los cuales se disponga. En efecto, las redes sociales funcionan como una herramienta para lograr dichos objetivos y no como el objetivo final, de ahí que se desprenda la siguiente reflexión: Para toda organización, lo importante es el bienestar o el cabal cumplimiento de sus intereses y no otra cosa. 


Propongo dos ejemplos para ilustrarlo. Número uno: Una organización que se dedica a la compra y venta de metal y sus derivados, no le importara en el mismo grado si las redes sociales tienen una ética profesional, tanto como vender; tampoco le ha de interesar si las redes sociales son gratuitas como aumentar sus ventas; no se puede concebir a la empresa poner en importancia de sus intereses si las redes sociales son fidedignas como lo son los alcances de sus consumidores ... en resumen a la empresa le interesa vender, ¿habrá una organización comercial que le importe más las redes sociales que las ventas? Con firmeza puedo decir que no la hay. 

Número dos: Una organización no lucrativa que se encarga de buscar y encontrar mascotas extraviadas para entregarlas a sus respectivos amos o en adopción, ¿qué le puede interesar más? ¿Qué las redes sociales sean gratuitas y alcance de toda la población o que encuentren mascotas para ponerlas a salvo, si es que no lo estuvieran? ¿Que las redes sociales cumplan con las políticas de privacidad de manera integral más que encontrar mascotas, ponerlas a salvo y otorgarles un hogar? ¿Cuántas redes sociales hay en competencia por el público o que sepan el número de mascotas que han podido regresar a sus amos? La respuesta es evidente en las tres preguntas... no les importan las redes sociales, les importa cumplir con sus objetivos e intereses. 

Sirvan esas dos ilustraciones para demostrar que a nadie le importan las redes sociales por encima de sus propios intereses, es decir, y aludiendo al inicio del blog, una red social es importante en medida de su utilidad, no por sí misma; todavía más, la importancia se jerarquiza de acuerdo a la utilidad y funcionalidad dada, como toda herramienta existente; finalmente, sólo las organizaciones que tengan como prioridad la importancia de las redes sociales serán las que le darán un valor y eso en medida que puedan ser cualitativas y cuantitativas, de lo contrario perderían la objetividad de manera abismal. 

En conclusión, la importancia de las redes sociales en las organizaciones se atribuye en medida que sean útiles o no para los fines de la organización; no hay mayor interés para una organización que los motivos por los cuáles se fundó; por tanto, las redes sociales no son importantes para las organizaciones, son mediadoras, son funcionales y útiles, pero jamás importantes, no pueden ponerse en la misma línea horizontal jerárquica de los intereses particulares, excepto, para los que son apoderados de las mismas redes sociales, que a final de cuentas, para ellos representa toda su importancia en medida comercial o de su origen. 


¿Cómo modificar la importancia de las redes sociales en las organizaciones? Situaciones de modificación laboral, escolar y familiar. 

No es casualidad encontrar cada vez menor interés por el concepto de persona. Es, en muchos sentidos, mucho más atractivo buscar relaciones de tipo impersonal, es decir, aquellas que no pongan en evidencia la fragilidad humana y que generen menor esfuerzo por el conocimiento del otro. 

Nietzsche, al afirmar el retorno del Super Hombre, considera una posibilidad de vivir  sin la intensidad necesaria, la pretensión y el anhelo de convertir cada instante de la vida en algo maravilloso en sí mismo hasta el punto de justificar la existencia. Esta misma situación acontece en estratos muy identificables del hombre: su trabajo, su casa y su escuela; entiéndanse éstos como organizaciones. 

Si lo anterior es aceptado, entonces, hay una forma de cambiar la importancia de las redes sociales, no obstante, su precio es sumamente costoso: Vivir esperando el retorno del Súper Hombre; esto significa que el hombre, el concepto de persona, no tiene valor en las organizaciones, en cambio son muy importantes los números, los registros, la manera en cómo progresar, que, como se dijo anteriormente, es el objetivo de las redes sociales: ser una herramienta para conseguir las metas particulares. 

Es viable decir que las redes sociales tienen una gran importancia en las organizaciones y que el hombre, el concepto de persona, no lo tiene; esta postura, sin embargo, no representa alguna novedad dado que la historia de la humanidad tiene pruebas fehacientes que cuando se desplaza a la persona por algo que no lo es, se vive una pérdida de valores y una justificación de la existencia.

Propongo pensar en dos ejemplos: El primero, cuando la revolución industrial tomó auge en los medios de producción, se dejó de lado la importancia de la técnica y del hombre, tanto así que se afectó a la economía y la concepción socio-cultural del concepto persona. El segundo, cuando la superioridad de razas, territorio y el progreso se quisieron hacer evidentes en el periodo de la segunda guerra mundial, se dejó de pensar al hombre como persona, se enfocó en darle importancia a la superioridad del arte, la economía y los avances médicos, para marginar la posición humana por excelencia. De ambos acontecimientos se saben sus desenlaces y se optó por revalorizar al hombre y el concepto persona. 


La persona, el hombre es la materia más fundamental que puede existir para entender todo el entramado social, sin embargo, las redes sociales han desplazado esta situación por una importancia particular y que deja en el abandono al creador de las mismas redes. No es aceptable pensar que en escuelas, trabajos o en la misma casa no se conozcan las necesidades, intereses y reales vivencias de las verdaderas personas y que por el contrario se tengan más en cuenta las tendencias, los gustos y las estadísticas de patrones registrados en redes sociales. 

En conclusión, otorgar demasiada importancia a una máquina, a una raza o a una red social, termina con el hombre y el concepto persona. Ya no se puede pensar a alguien sin que tenga un antecedente virtual y que sea designado por un avatar, un perfil o un valor, como si se tratara de una carta de naipes. La persona no puede estar debajo de estas relaciones de organización. El hombre, el concepto persona es la prioridad de la existencia y de la vida, sin esperar el retorno de un Súper Hombre que ponga todo en su lugar, porque el lugar del hombre se privilegia por encima de toda herramienta y utilidad. 





Funcionalidad y recomendaciones: un paradigma.

Menudo problema es el pretender dar una recomendación, máxime si lo recomendado no se vive, en definitiva no hay mejor recomendación que la vida misma y el ejemplo de ello, la convicción, pues. Por desgracia, la convicción se ejerce de poca manera, la dinámica social nos sumerge en la convención y el contrato, en lo consensuado y lo aceptado, en lo válido y en lo útil, en lo pactado y lo ordinario.

La simple intención de pretender encajar en una organización representa plantearse estas actitudes y convertir toda acción en un acto humano, de ética pura, es decir, de una lucha interna entre las pasiones internas; la aprobación social en las redes es básicamente la manera de medir el éxito y popularidad dentro de una organización, del tipo que sea. No obstante, en eso no radica su funcionalidad. 

La convicción debería ser la principal fuente para afrontar una situación tan compleja y sencilla, así de contrastante,  como lo son las redes sociales. ¿Cómo se podría pensar una red social sin un Trending Topic? ¿Cómo hacerlo sin seguidores? ¿Cómo sin compartir? Y cada respuesta a las preguntas degradará a la convicción. No resulta extraño, pues, que la seguridad en redes sociales sea un tema de perenne vigilancia y por ello, es considerable pensar que en lugar de ser una herramienta al servicio humano, se produce en efecto contrario. 

Ejercer la ética desde triviales detalles como lo que se publica, la privacidad de datos, el modelo a escribir, el sensacionalismo que está en auge, etc., es un verdadero reto a esta generación que olvida paulatinamente lo que es ser rebelde cara a cara. No pueden sentir todo el cúmulo de agentes bioquímicos que se mueven en un proceso neuronal al desafiar un paradigma dado por uno que se quiere vivir, por uno que se desea superar o anular. 

Sirvan los siguientes ejemplos. Primero, una demanda social se hace de frente, con la misma fuerza proporcional de aquello que se espera obtener y no con una cadena masiva donde se pone en tela de duda la veracidad de los seguidores y sus fines. Qué recompensa más satisfactoria es terminar cansado por caminar y manifestar un exigencia, comparada con la de hacer una campaña en pro de una idea, no concreta y que se esfuma, tan efímeramente como la misma fuerza con que se acompaña: la de un click. 

Segundo, nada tan poco ético como corregir, borrar y seguir. No cuestiono la notable práctica de aprender con base en la metodología de acierto-error; la crítica, por el contrario, se dirige a borrar y rehacer, a tirar y deshacer, a reciclar y hundir. Decía Sygmunt Bauman que la sociedad líquida se queda en lo pasajero, en las vidas extras y la fluidez de la vida, pero olvida que la vida misma no es desechable, sino remediable y enmendable. En efecto, una relación por medio de redes sociales organizativas, dejan de lado el esfuerzo y lo significativo de construir y moldear una amistad, mucho se reduce a la compatibilidad expresada en algoritmos de intereses similares, un like no tiene sentido de referencia ni de comparación con una carta que se hacía a los pretendientes. Las redes sociales no tienen ética y si sus usuarios no tienen corazón, tenemos redes sin corazón y usuarios sin ética. 

Es necesario, para las organizaciones, no caer en falsas y rápidas salidas de poco pensar y sentir; es mejor cultivar a la persona, darle su ejemplar valor y significado, además de permitirle un crecimiento en rubros más humanos y menos "sociales" (haciendo referencia directa a las redes sociales). Un nuevo paradigma, por ejemplo, se puede centrar en  leer más y menos redes sociales, es decir, menos toques y más profundidad; no es una rivalidad contra los medios técnicos sino en el hábito de inconstancia generado por el picoteo de la Web 2.0: lo importante es el hábito de lectura y que éste invite a la reflexión.






Comentarios

  1. Saludos Benjamín, tus reflexiones me parecen profundas y muy valiosas. Me agradó tu trabajo. Tu actividad está completa.

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